
Existen muchos mitos acerca de la dieta que debemos seguir durante el embarazo, los alimentos que debemos evitar y la manera en que los alimentos afectan o benefician al bebé.
A continuación, te presentamos 10 de los mitos más comunes:
1. ¿Tengo que comer por dos durante el embarazo?
En el embarazo no hay de comer el doble sino comer mejor. La cantidad de comida y el peso que debes aumentar dependerá de tu actividad física y del peso con el que iniciaste tu embarazo. Una alimentación completa y variada hará que tu embarazo se desarrolle correctamente y que tu bebé gane el peso necesario.
2. ¿La comida picante le hace daño a mi bebé?
Si antes del embarazo no te afectaba ninguna comida picante, no hay razón para que ahora afecte tu embarazo o a tu bebé, aunque puede aumentar tu riesgo de que presentes acidez estomacal.
3. ¿Es seguro tomar alcohol después de los tres primeros meses de embarazo?
Lo más recomendable es evitar las bebidas alcohólicas durante tu embarazo, inclusive cuando ya estás en los últimos meses, ya que cuando tú bebes alcohol, tu bebé lo está haciendo también. Un estudio reciente publicó que incluso las pequeñas cantidades de alcohol ingeridas durante el embarazo están relacionadas con el déficit de atención en los niños.
4. ¿Algunos vegetales con sabor fuerte son malos para mi bebé?
Algunas personas señalan que comer brócoli, col o ajo le hace daño al bebé, pero esto no tiene ninguna base científica. Mantén una alimentación como la que MiDieta te ofrece y le estarás brindando un gran beneficio a tu bebé.
5. ¿Si tengo un antojo por algún alimento y no lo como, puedo estar afectando a mi bebé?
Los antojos durante el embarazo no están relacionados con las necesidades del bebé, por lo que si no puedes satisfacer tu antojo, no te preocupes.
6. ¿Puedo sufrir de acidez durante el embarazo?
La acidez se produce normalmente por una opresión del bebé sobre el aparato digestivo y un aumento de las secreciones de jugo gástrico por algún alimento. Procura evitar comidas muy condimentadas y no te acuestes terminando de comer. También los suplementos de hierro pueden producirla, por lo que es recomendable que consultes a tu médico si crees que esto es lo que te produce acidez.
7. ¿Si soy vegetariana tengo que cambiar mi dieta por el bebé?
Una dieta vegetariana puede ser saludable durante el embarazo si tu ganancia de peso y tu ingesta de vitamina B12, vitamina D, calcio, hierro y zinc es adecuada. La leche de soya fortificada y los cereales son una buena fuente de estos nutrientes, pero revisa sus etiquetas para asegurarte de que estás consumiendo lo que necesitas. De ser necesario, puedes tomar algún suplemento o multivitamínico.
También checa las porciones que te recomendamos en MiDieta para que tu ingesta de proteínas sea la adecuada y consulta con tu dietista para que te ayude a planificar tu dieta.
8. ¿Se puede hacer ejercicio durante el embarazo?
Es recomendable que hagas ejercicio moderado durante tu embarazo, pues favorece la circulación de la sangre al útero y te mantiene en forma para el momento del parto, además de ayudarte a tener una recuperación más rápida. Algunos ejercicios recomendables bajo la supervisión de tu médico son: pilates, yoga, tai-chi, caminatas y natación.
9. ¿La placenta protege al bebé de las sustancias dañinas que la madre consuma?
La placenta protege al feto, pero no de todas las sustancias dañinas. En este periodo, trata evitar consumir sustancias que te hagan daño a ti, pues también le ocasionan daño a tu bebé.
10. ¿El bebé únicamente toma lo que necesita sin importar lo que yo coma?
Todo lo que comas es muy importante, ya que los alimentos son fuente de nutrientes para ti y para tú bebé. En ocasiones, los bebés nacen con enfermedades por deficiencia de nutrientes, aun cuando la mamá no haya presentado signos de deficiencia durante el embarazo. Si sigues el plan de MiDieta, puedes estar segura de que le estarás brindando a tu bebé todos los nutrientes que necesita.
Fuente: midieta
A medida que transcurre el embarazo se van produciendo cambios importantes en el cuerpo de la madre, algunos muy visibles, otros menos. Estas transformaciones anatómicas, químicas y fisiológicas sirven para proporcionar al futuro hijo los elementos indispensables para su desarrollo.
Cambios en el cuerpo de la mujer durante el embarazo
Además de aumentar de peso, las modificaciones más espectaculares que experimenta el cuerpo de la futura madre son el cambio del tamaño del útero y de los senos. Sin embargo, también se registran algunos cambios más discretos en los sistema circulatorio, respiratorio, urinario y digestivo.
Cambios en el cuerpo de la mujer: la respiración
El embarazo provoca cambios y transformaciones en prácticamente todos los sistemas de la madre: circulatorio, digestivo e incluso en la respiración.
A lo largo del embarazo es posible que notes que te cambia ligeramente el tono de la voz o que tienes ciertas dificultades para respirar por la nariz. Es normal. Las modificaciones hormonales debidas al embarazo a veces provocan una congestión pasajera de la mucosa de la laringe, la tráquea y los bronquios.
Además, durante la última parte del embarazo, disminuyen el tono y la actividad de los músculos abdominales. El útero ha ido empujando poco a poco hacia arriba el músculo esencial de la respiración, el diafragma, lo que reduce sus movimientos; la respiración pasa a ser alta o torácica.
Por otra parte, la madre también respira por su bebé, cuyos pulmones no funcionarán hasta el parto; en cada inspiración, hay que obtener entre un 10 y un 15% de aire más de lo normal sin acelerar la respiración. Esta hiperventilación tiene, además, la ventaja de beneficiar al feto ya que hace bajar la presión de dióxido de carbono.
Cambios en el cuerpo de la mujer: los pechos
Los pechos también empiezan a hincharse y a aumentar de peso desde los primeros meses. Este desarrollo se acompaña a veces de picores y punzadas. Al cabo de unas pocas semanas los pezones sobresalen, la areola se oscurece, se abomba y aparecen pequeños bultos (los llamados tubérculos de Montgomery).
Las venas de los pechos, que suelen estar muy irrigados durante el embarazo, se hacen más visibles. En algunas ocasiones, a partir del cuarto mes, rezuma de los pezones un liquido amarillento y viscoso: se trata del calostro. Si tienes pensado dar de mamar al bebé cuando nazca, el calostro constituirá el primer alimento del bebé después del parto, ya que es rico en albúmina y vitaminas y la auténtica leche no aparece hasta tres o cuatro días después del nacimiento.
Si eres una de las mujeres que no notas ningún cambio significativo en el tamaño de tus pechos durante el embarazo, no te preocupes. Esto no tiene nada que ver con tu capacidad para tener un buen embarazo o para dar de mamar a tu futuro bebé.
Cambios en el cuerpo de la mujer: la digestión
El crecimiento del útero, impulsado por el crecimiento de tu bebé, es la transformación fundamental que provoca el resto de cambios en la mujer embarazada. Al ir aumentando de tamaño, el resto de órganos tienen que comprimirse para dejar espacio suficiente al feto, al líquido amniótico y a la placenta. Sin embargo, en el caso del sistema digestivo, es el efecto de las hormonas lo que más perturba su funcionamiento y el que normalmente provoca ciertas molestias.
La secreción de saliva aumenta repentinamente al principio del embarazo. Las encías se vuelven más sensibles y sangran durante el cepillado. Los complementos de calcio, fósforo o flúor, que recomiendan algunos médicos de forma preventiva durante el embarazo, no protegen contra las caries dentales, que son, al parecer más frecuentes durante este periodo.
Por ello, hay que limitar el consumo de azúcar y seguir cepillándose los dientes tres veces al día después de las comidas. Es conveniente visitar con regularidad al dentista para que detecte y trate las caries durante la gestación. Si fuese necesario, se pueden efectuar radiografías dentales con ciertas precauciones. Recuerda que tener una buena dentadura garantiza una mejor digestión.
Alrededor del cuarto mes de embarazo puede aparecer una sensación de ardor que surge del estómago y sube por el esófago hasta la garganta. Se trata de la pirosis, fenómeno que persistirá hasta el parto y que muchas veces se agrava cuando se está acostada. Se debe a un mal funcionamiento momentáneo del sistema que impide que los alimentos ingeridos retornen y vuelvan a subir.
Bajo la influencia de una hormona especialmente activa durante el embarazo, la progesterona, el estómago se vuelve más perezoso, menos tónico, y esto provoca a veces las náuseas que suelen tener algunas mujeres embarazadas. Los alimentos están más tiempo en el estómago, que se vacía con mayor lentitud; de ahí esa sensación inmediata de estar llena cuando se come.
Al igual que el estómago y la vesícula biliar, los intestinos se distienden por efecto de la progesterona. El transito digestivo se ralentiza y puede generar una tendencia al estreñimiento que se puede combatir con una alimentación adaptada. Este inconveniente puede, no obstante, tener un aspecto positivo: la lentitud de la digestión favorece la absorción por parte del organismo de los elementos nutritivos de los alimentos.
Cambios en el cuerpo de la mujer: el útero
Los cambios en el útero y los pechos de la embarazada son sin duda la transformación más visible que sufre el cuerpo de la mujer durante el embarazo.
El útero empieza a crecer desde el principio mismo del embarazo. Tiene mucho camino por recorrer, ya que en apenas nueve meses, su tamaño tiene que aumentar de 6,5 cm a 32-33 cm, su peso pasar de unos 50 o 60 g a más de 1 kg; , y su capacidad, de 2 o 3 mililitros a 4 o 5 litros.
Desde fuera, sólo notarás los cambios a partir del cuarto o quinto mes del embarazo, cuando tu vientre comience a hincharse considerablemente, pero, con sólo un mes o mes y medio, el médico ya podrá, mediante la palpación, apreciar la transformación del útero: de la inicial forma triangular ha pasado a sr redondo, se ha flexibilizado y ya ha alcanzado el tamaño de una naranja.
Esta evolución proseguirá a lo largo de los meses. Los órganos como el estomago, los intestinos y la vesícula se irán adaptando, mientras que la pared del vientre, elástica, se distenderá poco a poco. La figura también cambiará y puede que el tronco se arquee, tirando hacia atrás los hombros para compensar el peso del abdomen.
Cambios en el cuerpo de la mujer: la circulación
El sistema circulatorio de la embarazada también sufre pequeñas transformaciones durante el embarazo, modificándose para adaptarse a la nueva vida que se va gestando. La misión de la sangre de la madre durante el embarazo es suministrar las sustancias necesarias para el desarrollo del feto y eliminar los desechos, utilizando como intermediario un órgano que se crea ex profeso durante el embarazo: la placenta
Durante la gestación, todos los vasos sanguíneos se dilatan y el volumen de sangre materna aumenta en un litro y medio aproximadamente: pasa de 4 a 5 o 6 litros. Los glóbulos rojos quedan así disueltos en una mayor cantidad de plasma -parte liquida de la sangre. Como las necesidades de hierro aumentan, para prevenir una anemia por carencia de este elemento, se prescribe a la futura madre un suplemento durante el curso del embarazo.
El crecimiento del útero dificulta a veces el retorno de la sangre desde los miembros inferiores hacia el corazón; las piernas tienen tendencia a hincharse y existe riesgo de aparición de varices. Si la vena cava inferior, que devuelve la sangre al corazón, queda comprimida por el útero, se pueden sufrir molestias, especialmente cuando se está acostada sobre la espalda. Para evitarlas, basta con desbloquear dicha vena: lo mejor es acostarse sobre el costado izquierdo, ya que la vena cava inferior pasa a la derecha del útero.
La frecuencia cardiaca se acelera entre 10 y 15 latidos por minuto, incluso durante el sueño, y algo más en caso de que sean gemelos. Suele oscilar entre 60 y 90 latidos por minuto. El gasto cardiaco aumenta en un 30 0 un 50% desde el final del primer trimestre hasta el final del embarazo. El corazón late más deprisa porque tiene que bombear más sangre y todo el sistema cardiovascular se adapta a los esfuerzos adicionales que inevitablemente hay que realizar durante el embarazo.
La tensión arterial baja ligeramente durante los dos primeros trimestres del embarazo porque los vasos sanguíneos están dilatados. Al acercarse el final del mismo, la tensión vuelve a sus valores anteriores (de antes del embarazo), pero no debe sobrepasar el valor 14/9.
Cambios en el cuerpo de la mujer: cambios hormonales
El embarazo va acompañado de complejos procesos hormonales que permiten al organismo de la embarazada adaptarse a sus nuevas necesidades. Dos hormonas son las principales causantes de estos cambios: la progesterona y los estrógenos. Producidas por los ovarios cuando la mujer está en estado y por la placenta durante el embarazo, estas hormonas son esenciales en la vida sexual y genital de la mujer.
El equilibrio entre estas hormonas permite la implantación del huevo en el útero; también son estas hormonas las que garantizan la supervivencia del feto gracias a su acción sobre los músculos lisos, como el útero, que impide las contracciones uterinas durante el embarazo. La única hormona que sólo se segrega a lo largo del embarazo es la hormona gonadotropina coriónica, que interviene en el mantenimiento del cuerpo amarillo al principio del mismo. A lo largo de la gestación, entrarán en juego otras hormonas, como la prolactina, que activa la modificación de los pechos con vistas a la lactancia, y la oxitocina, bajo cuya influencia se desencadenara el parto.
Las transformaciones químicas que, durante el embarazo, permiten al organismo satisfacer las necesidades de energía, reparar y producir nuevos tejidos y elaborar sustancias vitales no son tan espectaculares como las mencionadas más arriba. Sin embargo, son fundamentales, tanto para la madre como para el futuro bebé. La alimenticios adquiere en este punto toda su importancia porque de ella dependen las aportaciones de calcio, proteínas, hierro, vitaminas, grasas, etc., que necesita el futuro hijo para pasar de un grupo de células a convertirse en un ser humano de mas de 3 kilos en el momento del parto. El agua, la sal, los lípidos (grasas), los azúcares y las proteínas se transforman para suministrar al feto los elementos nutritivos que puede asimilar su propio metabolismo.
Fuente: elembarazo
Los hijos, para más tarde¡¡¡
Disfrutar con la pareja, trabajar y establecer nuevas relaciones son algunas de las prioridades que hoy están tomando las mujeres en vez de decidir ser madres. En Chile, la edad en que se da a luz actualmente promedia los treinta años, disminuyendo de paso la tasa de natalidad infantil y permitiendo así el envejecimiento de la población.
Conseguir un título profesional, ser independiente y la única responsable de sus actos; salir de vacaciones y pasar momentos agradables con los amigos son algunas de las razones por las cuales las mujeres en la actualidad postergan ser madres.
El concepto de ‘súper mujer’ se instauró también dentro de nuestro país y lograr ejercer actividades antes sólo reservadas para los hombres es una tarea que muchas representantes del sexo femenino se están tomando muy en serio.
Hace algunos años, ser madre, casarse y formar una familia a los veintitantos era lo común entre las mujeres. El acceso a mayores posiciones dentro de la sociedad permitió que la escala de prioridades cambiara para dar paso a otro tipo de procesos los que sin duda, han atraído a muchas féminas que en la actualidad dejaron atrás el concepto de ‘mujer – madre’, para llevar por un momento más extenso su rol como profesionales.
Para el psicólogo clínico y académico universitario, Juan José Soca Guarnieri, este fenómeno no es tan nuevo como parece y su origen tiene que ver con los avances que han ido construyendo las mujeres que – en el caso de Chile – comenzaron junto con el derecho a sufragio: “esto explicaría un poco la manifestación de la mujer hacia otras prioridades e intereses que ya no son exclusivamente de la maternidad”, manifiesta.
El psicólogo dice que si pensamos en nuestras abuelas, podremos darnos cuenta que en esta especie de sinónimo que se estableció entre mujer y madre, “todo se centraba en función de la casa y de cómo llevar a los niños”, argumenta y explica que esta concepción a su vez “traía sufrimiento porque hay una especie de renuncia a otras cosas que no tenían relación con la maternidad”, completa.
Luego de esta suerte de apertura en la visión femenina, donde las mujeres se dan cuenta de que hay otras actividades más allá de las que existen en el hogar, ocurre un cambio cultural, donde toda la sociedad fue protagonista de la puesta en marcha de una libertad codiciada por años por aquellas que ansiaban caminar por otras vías que les permitieran ganar nuevas competencias, habilidades, conocimientos, etcétera.
Para el especialista, además del cambio cultural, las nuevas tecnologías son también agentes que aportan a llevar una mejor existencia, aumentando con esto las expectativas de vida y las formas en cómo una pareja decida llevar su sexualidad y el proyecto de familia. “La sociedad hoy dispone de mecanismos de protección, amparo y desarrollo”, afirma.
A pesar de la clara disminución en la natalidad infantil que posee Chile en la actualidad, el retraso en concebir hijos es una decisión que atañe a cierto grupo de mujeres, cuya mayoría se encuentra en la categoría de aquellas que poseen estudios universitarios. En esta línea, Juan José Soca apoya diciendo que “el bajo interés por la maternidad todavía no ha alcanzado a todas las capas sociales. En ese sentido, este tema abarca a las mujeres profesionales o que están estudiando una carrera, con cierto nivel cultural y que manifiestan otros intereses, prefiriendo postergar la maternidad en pro de satisfacer otras necesidades y deseos”.
La fuerza del entorno
Los cambios culturales a los que se refiere el profesional también abarcan los espacios psicológicos, donde la mujer además de abrirse paso a la sociedad, lo hace sin sentir culpa. “Antes, si una mujer no se casaba antes de los treinta y no era madre joven, se sentía muy culpable”, menciona y argumenta explicando que la fuerza que ofrecen estímulos como las oportunidades para crecer y desarrollarse, hacen que las mujeres se sientan con derecho de poder acceder a éstas de manera normal y a la par con sus compañeros.
En contraste con lo anteriormente dicho, aún vivimos en una sociedad machista y además paternalista, donde tener una familia a quien proteger sigue siendo una de las prioridades que muchos no tranzan. Así, es común observar las reacciones del entorno frente a una persona que no desea ser madre aún: ¿por qué?, ¿qué estás esperando?, ¿tienen problemas con tu pareja?, son algunas de las preguntas más recurrentes.
En ese sentido, Soca Guarnieri afirma que dependerá de cada mujer el cómo se enfrentará a este tipo de cuestionamientos. “La presión del medio sin duda que agobia y quizás haya casos en que finalmente terminen renunciando a algo que le gusta, donde se siente bien”, sentencia y además cuenta que esa renuncia, ese sentimiento de pérdida puede canalizarse en otros síntomas como la depresión, crisis de pánico e incluso la anestesia sexual, “una anorgasmia como por venganza”, subraya el profesional.
La relación de pareja también puede verse afectada y en este plano se recomienda sostener una buena comunicación entre ambas partes, colocando sobre la mesa (y desde un principio) cuáles son las prioridades que maneja cada uno, “la responsabilidad es mutua”, sentencia el especialista y afirma que la existencia de conflictos es real donde las exigencias de hombre y mujer quieran ser las que sobresalgan por sobre el otro, sin escuchar las necesidades de su compañero. “Si quieren seguir juntos, ambos tienen que renunciar a algo”, puntualiza.
Madre profesional
No hay que dejar de lado a aquellas mujeres que sí optaron por la maternidad siendo aún muy jóvenes y que al mismo tiempo han sabido sobrellevar una familia en conjunto con sus intereses personales y profesionales. Para el psicólogo clínico, éste es también un tema interesante de plantear, pues aquí aparece el tema de la culpa, pero esta vez no por una cuestión individual, sino que tiene que ver con plantearse ¿qué tan buena madre soy?
Carecer del tiempo suficiente para dedicar a los niños, no estar presente en algunas de sus experiencias de vida y dejarlos con las nanas durante la extensa jornada laboral, también es parte de esta problemática. “Si bien es bueno que la mujer haya salido del circuito ‘mujer – madre’, también está trayendo otro tipo de malestares como el sentimiento de no estar cumpliendo un buen rol”, sostiene Juan José Soca.
Desde la psicología, el especialista resalta que mucha presencia de los padres, no asegura una buena salud mental para los niños, “al contrario, un exceso de presencia puede ahogar a la cría”, sentencia Soca complementado con la idea de que no es malo soportar la ausencia de esta madre por momentos, pues “eso posibilita que los hijos pueda crear mentalmente a esa mamá”.
Fuente: puntovital

No siempre es fácil rehacer la vida familiar con una nueva pareja cuando uno de sus miembros o los dos tienen hijos de la anterior relación.
La aceptación de la nueva persona puede llevar un tiempo y supone un acercamiento y un conocimiento de la misma.
Por ello deben planificarse bien los primeros pasos y estar preparados para las contrariedades que puedan surgir.
Teniendo en cuenta que los niños son los más frágiles y el hecho de que el padre o la madre rehagan su vida, supone para ellos un cambio notable.
Por lo que conviene tener presente:
Dejar pasar un tiempo tras la separación antes de presentar a la pareja. Así se habrán hecho ya la idea del divorcio y no verán a esa persona como un rival con su padre o madre y podrán aceptarla con más facilidad.
Es preferible hablarles de la nueva persona antes de que la conozcan. Los primeros encuentros deben ser relativamente breves y mejor en un lugar que no sea la propia casa:
Fuente: serbella
Los mareos durante el embarazo reciben el nombre de “enfermedad de la mañana”, porque en más del 50% de los casos se producen en ese momento del día. Si tú también te mareas, practica estos consejos. Te sentirás mejor.
El mareo es un mecanismo de defensa del cuerpo. Cuando al cerebro no le llega bien el riego sanguíneo, manda la orden de ponernos en posición horizontal (nos caemos), para que el riego se reanude más fácilmente. Ahora que estás embarazada, es fundamental que evites las caídas, pues pueden tener consecuencias más graves que el desmayo en sí.
Por eso, ante la sensación de mareo, debes actuar de la siguiente manera: vete a un lugar más fresco y quítate algo de ropa.
Abanícate y, si puedes, sumerge los brazos en agua fría. A continuación, tómate un café, una bebida azucarada o un puñado de frutos secos, para que el nivel de azúcar en tu sangre se recupere. No tardarás en sentirte mejor.
De todos modos, comenta al médico que te has mareado, porque quizá necesites tomar algún medicamento contra los mareos (no afectan al bebé).
Motivos que los ocasionan
Los mareos son un síntoma tan común en el embarazo como las náuseas, y también, como éstas, suelen desaparecer tras el primer trimestre. A partir de entonces el organismo de la futura madre ya se ha adaptado biológicamente a su nuevo estado y, salvo excepciones, el malestar cesa.
Los mareos durante estos meses pueden producirse por diversas razones:
* Mayor compresión de las arterias y de la vena cava, debido al acusado aumento de peso.
* Aumento del ritmo respiratorio de la madre (para aportar oxígeno al feto). El exceso de oxígeno en el cerebro, igual que el defecto, puede llegar a ocasionar sensación de mareo e incluso desmayos.
* Asimilación más rápida de los carbohidratos por parte de la madre (para alimentar bien al bebé), o ayuno prolongado durante varias horas, lo que puede ocasionarle importantes bajadas de azúcar en la sangre.
* Anemia muy acusada. El bebé necesita hierro para formarse, lo que puede provocar carencias de este mineral en la madre. Algunas de las consecuencias de este déficit son el cansancio, la apatía y, en los casos más acentuados, los mareos.
* Aumento en sangre de la gonadotropina coriónica, la hormona que prepara el cuerpo de la mujer para mantener el embarazo.
Otros motivos más generales que pueden producir sensación de mareo siempre, independientemente de la gestación, son el exceso de calor, porque baja la tensión, y los movimientos bruscos e inesperados, como levantarse rápidamente de la cama (estos cambios posturales repentinos limitan la cantidad de oxígeno que llega al cerebro).
Fuente: crecerfeliz
Dolor, rabia, satisfacción y aflicción. Los recién nacidos expresan con lágrimas estas emociones. Con paciencia y tiempo, las madres aprenden a diferenciar su llanto.
Hugo dejó de llorar cuando su madre, Elena, lo estrechó contra su pecho, como si el sonido del corazón de su progenitora detuviera sus lágrimas. Pero en ese mismo instante Luisa, la suegra de Elena, sentenció: “Lo vas a acostumbrar mal si lo coges en brazos cada vez que llore”.
Elena sonrió y no contestó. Tenía claro que no dejaría llorar a su bebé. Cuando ella era pequeña, lloraba mucho durante la noche. Ya de mayor, comprendió que las razones de aquel llanto tenían que ver con una sensación de profundo desamparo. Por razones familiares, Elena fue separada de su madre demasiado pronto y no estaba dispuesta a que su hijo fuera víctima de una inseguridad semejante.
Cuestión de enfoque
La actitud hacia las lágrimas de un hijo evoca la educación emocional de la madre en los primeros momentos de su vida. Todas las madres desean entender a sus bebés. Si hay algo que les preocupa es averiguar los motivos por los que llora. No ignoran que el llanto es una petición de ayuda y se apresuran a interpretar lo que le ocurre.
Algunas personas consideran que no se debe dejar llorar a un niño. Otras, por el contrario, son partidarias de esperar antes de atenderle, “para que no se acostumbre mal”. La madre primeriza se siente desorientada ante opiniones tan opuestas. Lo mejor es que siga su criterio tras averiguar las razones del llanto de su bebé. Según el pediatra y psicoanalista infantil D. W. Winnicot, hay cuatro clases de llanto, que expresan las siguientes emociones: satisfacción, dolor, rabia y aflicción. Puede resultar extraño que las lágrimas se relacionen con la satisfacción, pero así es. Cualquier ejercicio del cuerpo es bueno desde el punto de vista del niño. Los bebés lloran porque se sienten ansiosos e inseguros y eso les ayuda. Se trata de una descarga emotiva, que en ocasiones resulta placentera. El placer interviene en el llanto tanto como en el ejercicio de cualquier función corporal que libera al cuerpo de un malestar.
Dolor y seguridad
El llanto que corresponde al dolor se reconoce enseguida porque su sonido es agudo y penetrante. Además, el niño suele señalar con la postura corporal o con la mano dónde le duele. Si le molesta el estómago o el intestino, encoge las piernas; si le duele un oído, se lleva la mano a él. El llanto de dolor no es placentero y levanta en quien lo escucha el impulso de hacer algo enseguida. El hambre, para el recién nacido, es también una forma de dolor, de ahí que llore de forma desesperada cuando la comida se retrasa.
Otro tipo de dolor es el que se refiere a la sensación de inseguridad: cuando se le cambia de ropa, por ejemplo, al bebé se le cambia mucho de postura y se le deja desnudo, con lo que se nota poco seguro. A veces el pequeño llora cuando está sucio, pero no porque deteste sentirse así, sino porque asocia esa situación al cambio de ropa, que se producirá. Winnicott denomina a esta reacción “llanto aprensivo” y dice que su base es el dolor, pero un dolor recordado que sabe que se repetirá.
Las lágrimas que provienen de un ataque de rabia tienen, aunque parezca contradictorio, su lado bueno. Indican que el bebé confía en la madre, aunque se enfrente a lo que ella le propone. Un pequeño que ya no cree que pueda cambiar las cosas llora de forma triste o golpea la cabeza contra la almohada, pero no dirige su grito hacia nadie. Es saludable que el bebé conozca el alcance de su rabia. Cuando está enfadado no se siente desvalido. Si llora con rabia, pero quienes le rodean se muestran tranquilos y no dan señales de haber sido heridos, esta experiencia le permitirá comprender que lo que él siente como verdadero no es necesariamente real, que la fantasía y la realidad son cosas distintas.
Algunas personas viven dominadas por el temor a enfadarse, temen lo que pueda ocurrir si muestran su rabia. Por algún motivo, no la pudieron expresar de pequeños, quizá porque su madre tenía miedo a estas manifestaciones.
El consuelo
Las lágrimas por tristeza se producen cuando el niño ha recorrido ya un camino en el desarrollo de sus sentimientos. El motivo suele ser la culpa: cree que la madre desaparece de su vista porque ha sido malo. Ya no reacciona frente a lo que ocurre, sino que se hace responsable de cuanto le sucede. Con el tiempo, aprenderá a discriminar su responsabilidad real de la imaginaria. Cuando un bebé está triste, hay que consolarlo. Necesita amor y comprensión, pero no que le diviertan para que se olvide de lo que siente. Esta actitud le enseña a no tener miedo de sus sentimientos, a expresarlos y a no negar sus emociones.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
• El llanto del bebé es una expresión de vitalidad que conviene comprender para actuar en consecuencia. Es una señal que tenemos que aprender a interpretar.
• Las madres deben dejarse guiar por lo que su sensibilidad les dice acerca de las quejas de su bebé y no por orientaciones rígidas con las que ellas no se sientan cómodas: es el amor por su hijo lo que más le ayuda.
• La madre debe saber que, aunque quiera evitar por todos los medios que su pequeño llore, en ocasiones no podrá hacerlo. Y es que el llanto es una forma de expresar emociones que el bebé necesita para crecer. Pronto aprenderá a diferenciar y comprender unos llantos de otros.
• Las madres no deben tener miedo a que su pequeño llore de rabia: es una descarga que les enseña a diferenciar su capacidad de destrucción real de la imaginaria.
• Conviene reflexionar sobre los sentimientos que tiene la madre cuando el niño protesta. De esta forma ella comprenderá mejor la manera de actuar con su hijo.
• Es conveniente huir de las actitudes rígidas. Éstas dependen más de las difi cultades en el adulto que de las necesidades del bebé. En todo caso, la madre no debe hacerse reproches si no entiende los primeros llantos.
Fuente: Hoymujer